sábado, 5 de setembro de 2015

Un aire de sofisticación


Yo no soy un musicólogo. Tampoco soy venezolano. Jamás sabría decir si un joropo es un joropo o simplemente tiene un aire de joropo.*

Lo que sé es que estuve recientemente en Buenos Aires y finalmente conseguí ver una presentación de La Chicana, grupo argentino que acompaño desde 2012, cuando los descubrí en un documental sobre el tango contemporáneo llamado Un giro extraño.

Debido al documental yo creía, al principio, que ellos formaban un grupo de tango de vanguardia. Con el tiempo me di cuenta que realmente son de vanguardia, pero limitarlos al tango no corresponde a la verdad.

Su primer disco es Ayer hoy era mañana (1997), un título que por sí mismo ya prepara al oyente para algo que lanza la noción de tiempo directamente al caos.

Por razones obvias, mi iniciación ocurrió con el segundo álbum, también llamado Un giro extraño (2000). Luego que escuché la introducción de la primera pista, me di cuenta de que algo realmente sorprendente iba a suceder. Un violín que sonaba como Anton Webern anunció un tango feroz tanto en la letra como en la interpretación.

Fui cazando los discos en la Internet y, gracias a la “long tail” de la Amazon y de algunos viajes a Buenos Aires, hoy los tengo todos, inclusive una colección alemana de los cuatro primeros.

Descubrí que La Chicana no es un conjunto de tango. Es un conjunto de música en el más amplio sentido de la palabra. He leído algunos textos que los clasifican como una mezcla de tango y rock, pero esto es también un reduccionismo de lo que hacen.

Después de todo, ¿quién anunciaría durante una presentación que tocará un éxito del hit-parade , dada la fuerte presión de las masas, y presenta el concierto para violín en re menor de Bach (con el fabuloso Sebastián Zasali haciendo, en el bandoneón, el segundo violín)?

Las referencias musicales de Estol (compositor y líder del grupo) son variadas. Todos sus discos combinan composiciones suyas y de otros.

Tom Waits aparece desde el principio (es perceptible su influencia, sobre todo en los valses de Acho), pero también encontramos música gitana, tangos chinos, Kurt Weill y hasta nuestros Sivuca, Mutantes y Tomzé.

Por supuesto, la escuela de maestros porteños siempre aparece. Troilo, Gardel, Piazzolla, Solari, Cedrón y muchos otros.

Reconozco que La Chicana no es para neófitos. Sus melodías no son predecibles, las armonías extremamente complejas van mucho más allá de los 3 o 4 acordes que la mayoría están acostumbrados. Incluso cuando interpretan clásicos del repertorio, los arreglos están repletos de modulaciones y cromatismos que pueden sonar extraños a los oídos acostumbrados con el pastiche comercial al cual somos expuestos todos los días.

Para este tipo de arreglos se exigen músicos competentes. Muy competentes... lo que nunca le faltó a La Chicana. A empezar por el multi-instrumentista Estol (en el disco, porque en vivo solamente toca la guitarra... y como la toca!) Al principio con Valverde e invitados, para finalmente llegar al disco actual con Zasali, Rolón, Clavijo, Basto y Barbieri.

Las letras de las músicas son un caso aparte. Merecen algún día el escrutinio de un crítico literario sobre las historias, juegos de palabras y locuras de Estol, nuevamente, pienso yo, influenciado por Tom Waits.

Para darle sentido a esta combinación de palabras y música, la voz de Dolores Solá, Lola. Una voz potente, siempre afinada y con un toque de interpretación teatral. Sea en el extremo lirismo Una rosa y un farol, sea en la rudeza de Peón de ajedrez.

En vivo, entre un vaso de vino, uno de agua y una canción, ella intercambia con Acho comentarios de humor ácido e inteligente.

Lo único que lamentamos aquí es la dificultad en comprar sus discos. La solución es accesar el Youtube.

Por supuesto, para un poeta beatnik siempre hay una opción: revolución o picnic!

Este es uno de los chistes del espectáculo Antihéroes y Tumbas, cuando Acho relata que una vez fue corregido por una persona que se presentó como musicólogo venezolano. Desde entonces ya no se refiere al estilo de la música simplemente dice "tiene un aire de…”

Gracias Virginia Susana Fantoni Ribeiro por la revisión de mi pobre castellano

Um ar de sofisticação


Eu não sou musicólogo. Nem venezuelano. Jamais saberia dizer se um joropo é um joropo ou apenas tem um ar de joropo. [1]

O que eu sei é que recentemente estive em Buenos Aires e, finalmente, consegui assistir uma apresentação do La Chicana, grupo argentino que venho acompanhando desde 2012 quando os descobri em um documentário sobre o tango contemporâneo chamado Un giro extraño.

Em função do documentário acreditei, num primeiro momento, que se tratava de um conjunto de tango vanguardista. Com o tempo descobri que eles realmente são vanguardistas, mas limitá-los ao tango é uma inverdade.

O primeiro disco deles é Ayer hoy era mañana (1997), título que por si só já prepara o ouvinte para algo que lança a noção de tempo diretamente ao caos.

Por motivos óbvios, a minha iniciação se deu com o segundo disco, também chamado Un giro extraño (2000) e, ao ouvir a introdução da primeira faixa, percebi que algo muito surpreendente estava para acontecer. Um violino que soava como Anton Webern anunciava um tango feroz na letra e na interpretação.

Fui caçando os discos pela internet e, graças à long tail da Amazon e algumas idas a Buenos Aires, hoje tenho todos, incluindo uma coletânea alemã dos quatro primeiros.

Descobri que La Chicana não é um conjunto de tango. É um conjunto de música no sentido mais amplo da palavra. Já li alguns textos que os classificam como uma mistura de tango e rock, mas isso também é um reducionismo do que fazem.

Afinal, quem anunciaria durante um show que vai tocar um sucesso do hit-parade, atendendo os insistentes pedidos das massas, e apresenta o concerto para violinos em ré menor de Bach (com o fabuloso Sebastian Zasali fazendo, no bandoneón, o 2º violino)?

As referências musicais de Acho Estol (compositor e líder da banda) são as mais variadas. Todos os seus discos combinam composições dele e de outros.

Tom Waits aparece desde o começo (e é perceptível sua influência, especialmente nas valsas de Acho), mas também encontramos música cigana, tangos chineses, Kurt Weill e até os nossos Sivuca, Mutantes e Tomzé.

Claro, a escola dos maestros portenhos aparece sempre. Troilo, Gardel, Piazzolla, Solari, Cedrón e tantos outros.

Reconheço que La Chicana não é para os neófitos. Suas melodias não são previsíveis, as harmonias extremamente complexas vão muito além dos 3 ou 4 acordes a que a maioria está acostumada. Mesmo quando interpretam clássicos do repertório, os arranjos estão repletos de modulações e cromatismos que podem soar estranhos aos ouvidos acostumados com o pastiche comercial a que somos expostos todos os dias.

Para tais arranjos se exigem músicos competentes. Muito competentes, o que nunca faltou a La Chicana. A começar do multi-instrumentista Acho Estol (no disco pois, ao vivo, Acho só toca violão...e como toca!) No princípio com Valverde e convidados até chegar na do disco atual com Zasali, Rolón, Clavijo, Basto y Barbieri.

As letras das músicas são um caso à parte. Merecem algum dia o escrutínio de um crítico literário que se debruce sobre as histórias, jogos de palavras e insanidades de Estol, mais uma vez, creio eu, influenciado por Tom Waits.

Para dar significado a essa combinação de letra e música, a voz de Dolores Solá, a Lola. Uma voz potente, sempre afinada e com um toque de interpretação teatral. Seja no extremo lirismo de Una rosa y um farol, seja na rudeza de Peón de ajedrez.

Ao vivo, entre um copo de vinho, um de água e uma canção ela troca com Acho comentários de humor ácido e inteligente.

Claro, para um poeta beatnik sempre há opção: revolução ou picnic!



[1] Essa uma das piadas do espetáculo Antihéroes y Tumbas, quando Acho conta que uma vez foi corrigido por uma pessoa que se apresentou como musicólogo venezuelano. Desde então ele não se refere mais ao estilo da música apenas diz que “tiene um aire de...”